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Oblicuo.

Madrid

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Trenzas maltrechas en las crines que amarramos
y las mirillas coartando los amores de rellano
y la lejía desfigurando el
color de los
adoquines

y las alcantarillas absorbiendo los colores desperdiciados.

Carisma en las esquinas y en el fondo de los vasos,
lucidez en los tendederos repletos
que anuncian hogares
habitados,
sospecha
ante calcetines roídos
cuando ya hambre no pasamos.

Sal que se cae en los guisos
sobre todo en otoño

y a veces también siempre.



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2 comentarios:

  1. Poema herméticamnete envasado al vacío. Para abrir, dar un suave golpecito en la esquina de la encimera.

    Click!

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  2. Oyeeee, yo le he dado ya varios golpecitos, también he intentado abrirlo con la punta de un tenedor, ¡y no se abre!

    No sé cómo haces para que no se sepa si tiene final triste o alegre. Habrá que preguntarle a Sánchez Dragó, pues.

    Un beso. Está todo precioso en esta cueva. Y cada vez le brotan más colores.

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Dilo en bajito pero dilo.