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Oblicuo.

Madrid

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Trenzas maltrechas en las crines que amarramos
y las mirillas coartando los amores de rellano
y la lejía desfigurando el
color de los
adoquines

y las alcantarillas absorbiendo los colores desperdiciados.

Carisma en las esquinas y en el fondo de los vasos,
lucidez en los tendederos repletos
que anuncian hogares
habitados,
sospecha
ante calcetines roídos
cuando ya hambre no pasamos.

Sal que se cae en los guisos
sobre todo en otoño

y a veces también siempre.



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