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"Simple, posible, siempre"


En cualquier actividad el hombre comienza escuchando, observando, aprendiendo, imitando,… A partir de ahí, se inicia el proceso de búsqueda, se elige la conducta o el modelo a seguir.

Afirmaba Albert Einstein que “la cuestión más importante es no dejar de preguntar”; efectivamente, porque dudar es avanzar, y en ello estamos; sí, el mundo y uno mismo. Aquél con sus conflictos de orden político, económico, energético, medioambiental, y uno mismo con los cambios acontecidos en el último año; y en la personal secuencia de vicisitudes acaecidas desempeñan un papel revelador las páginas escritas, cierta dosis de azar y, claro, el capricho de los números, de las cifras, más bien, en concreto, de las fechas.

Entre los libros, las ediciones, las revistas y las estanterías que protagonizan la mirada de las dos estancias principales de mi piso madrileño, casi fruto de la casualidad, encontré, el pasado mes de diciembre, el número 28 de PSYCHOLOGIES, de mayo de 2007; al tratarse de un ejemplar de menor tamaño al de anteriores números de esta publicación, lo aparté de la estantería donde estaba -el tamaño de los volúmenes habitualmente condiciona su colocación- y lo dejé sobre la mesa de la sala -que convencionalmente debería ser el salón-comedor de la vivienda- durante un par de días. Revisando sus contenidos tropecé, afortunadamente, con la editorial que en aquel número escribía Margie Igoa –anterior directora-, con el título “La vida simple”. Aquellas líneas volvieron a llamar profundamente mi atención.

Muy pocos días después, acudí a la librería del Centro de Arte Moderno, en el distrito de Chamberí, para depositar algunos ejemplares de dos ediciones de poesía visual -una propia y otra de un buen amigo, fotógrafo e ilustrador, residente en Barcelona-. En ella, meses atrás, también había dejado en depósito algunos ejemplares de mi libro de poesía “Poemas del no siempre”; y puesto que en la primera visita, problemas técnicos impidieron a los responsables de la librería elaborar un resguardo del depósito con el ordenador, en esta ocasión, en la relación del oportuno documento acordamos especificar tanto las dos nuevas ediciones visuales entregadas, como la referencia del citado libro. Y al tener en mis manos el papel en cuestión, encontré la feliz errata entre los títulos: “Poemas del no simple”, y me acordé de inmediato de aquella editorial de la revista encontrada. El azar acababa de presentarme, por segunda vez en muy pocos días, la palabra mágica, la palabra que requería alguna reflexión: simple. Sí, en seguida advertí que esa singular coincidencia podría significar algo, o en parte por mi voluntad, debería significar algo.

Al día siguiente -martes 13 de diciembre-, llevé conmigo aquel número 28 de la revista a la cita concertada en la oficina de empleo. Suponiendo que habría de esperar allí un tiempo indeterminado, una lectura de algunas páginas sería la mejor compañía. Además, se trataba de la primera vez en mi vida que acudía a solicitar la prestación por desempleo. Los trámites transcurrieron favorablemente y el optimismo al salir a la calle me impulsó a preguntar en un kiosko cercano por el número de diciembre de 2011 de PSYCHOLOGIES; adquirí entonces el número 83. La página 7 de dicho número me descubría que la directora de la publicación era ya otra, y “Observar sin orden” era el título de la editorial que la citada página presentaba.

Tras su lectura, tras interesarme también por lo allí expuesto -“algunas personas recuerdan el mes y el año concretos…. capacidad de contextualizar esos momentos… marcarnos el camino a seguir…” supe que aquellas antiguas líneas de más de 4 años atrás y las que estaba descubriendo en esos momentos, me servían para acometer con sinceridad los decisivos acontecimientos que mi vida me ofrecía.

La primera conclusión que surgió en mi experiencia tenía que ver con aquella fecha de mayo de 2007: después de aquel mes, tuvieron lugar diversos hechos y circunstancias en mi trayectoria personal, que devinieron en una mala época. El verano de 2007 fue especialmente duro, con una baja laboral prolongada por más de dos meses. Después, un cambio en el entorno laboral, propició una etapa de tránsito; pero otros aspectos vitales (relación afectiva, dedicación o no a la pasión por la poesía y el campo artístico, sucesivas decepciones en el trabajo, etc.) fueron desarrollándose hasta desembocar en el inolvidable año 2011: decisión de separación de mi pareja y los desacuerdos al respecto, búsqueda de una nueva vivienda, enfermedad progresiva de mi madre, presión y stress sin tregua en la oficina,…. soportables todos ellos gracias a la conciliación de dos afortunados elementos. En 2010 ya había asumido que no podía descuidar -como hice durante varios años de la primera década de este siglo- mis esfuerzos y dedicación por la escritura y la creatividad, y la apuesta por este primer elemento mantenía intacto mi entusiasmo y mis ganas de lucha. Y si esta primera cuestión, indudablemente, era ya una prueba de la decisión vital que a partir de 2011 regiría mi camino - que el corazón prevaleciera siempre ante la cabeza - , mucho más explícita iba a resultar la segunda cuestión o elemento: la llegada a mi existencia, golpeada como nunca hasta entonces, de un nuevo amor, meses después de esas difíciles y necesarias decisiones relatadas. El apoyo de varios amigos y amigas y, sobre todo, la presencia de este nuevo amor, hicieron soportable el año 2011.

Y a partir de aquí, esa quintaesencia de la creatividad que es la poesía, vuelve a tomar las riendas. “Sol imposible” es el título del libro que me publicaron en el año 1999. Versos escritos originalmente entre 1988 y 1989; dos palabras que encerraban un mensaje quizás inaudito para el joven de veintitantos años que era yo a finales de los ochenta; casi un convencimiento de que el amor nunca sería posible, y mucho de esto había en ese volumen. Pero ahora era suficiente con apartar apenas dos letras, ese prefijo que niega, “im-” y zas, abrir los ojos, abrir también los brazos, y hacer de cada día un puzle con tres piezas básicas: libertad, amor, belleza.

Simple y posible: sí, la vida va demostrando que a menudo lo simple camina de la mano de lo esencial, aquello que conforma el horizonte y el marco a la vez de la condición humana, esto es, la libertad y la sensibilidad. La raíz de ambas es, sin ningún género de dudas, el pensamiento. Si la confianza es responsabilidad y honestidad mezcladas en su justa medida, para obtener lo mejor de nosotros mismos habremos de iniciar tan personal singladura confiando en nosotros mismos.

El 18 de abril de 2011, a modo de prosa poética escribí: Vivir consiste en ser libre y en amar: todo lo demás sobra; sobran los ídolos, sobra la historia, sobran sobre todo la tristeza, los desastres y la angustia. Vivir es una cuestión de belleza: un camino en que siempre habita la música.

En varios recitales que siguieron a esa fecha me gustaba leer esas palabras. Pero es cierto: “...no es nada fácil organizar tu nueva vida con esa abrumadora libertad” como escribe Raquel Gago en su editorial “Jugar a imaginar” en el número 84 de PSYCHOLOGIES. Imaginar, tierno vocablo, dulce requisito, premisa indudable, aire en cada instante; sí, imaginar; imaginar siempre.

La memoria es la arena de la playa que continuamente mojan las olas del mar; es arena porque es ya pasado, pero el agua habita en ella, con mayor o menor intensidad. Y ese vaivén constante, cierto, eterno, esa metáfora de la vida, que es el mar, que es el agua de todos los océanos, reside siempre en el pensamiento del ser humano. Y como la arena y las aguas de tantos mares, más cálidos o más fríos, el sol del amor alumbra también siempre. La ambición de belleza que perseguimos al crear cualquier obra de arte está asimismo regada por la memoria, la personal y la colectiva. Hagamos lo que hagamos, estemos en un lugar o en otro, la naturaleza será siempre el marco idóneo para nuestra imaginación y para nuestra memoria. Y nuestra intervención, ya sea desde la mimesis, ya sea desde la poiesis, en el ámbito artístico, pero igualmente en otros medios de interrelación humana, habrá de suponer un reconocimiento leal y un cotidiano acto de gratitud con los límites y las posibilidades que simultáneamente nos brinda esa realidad que habitamos, que nos empeñamos siempre en transformar, en moldear. Seamos, sigamos observando, aprendamos y desaprendamos, y que en cada jornada no falten algo que hacer, alguien a quien amar y los sueños.



J. Seafree
(Madrid, enero 2012)