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Para Gitanito.

Payaso Charlie
Imagen del libro "Charlie, nariz de hojalata" de J. Subirana y A. Obiols
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Cuentan que un día salió Rivel a escena. Uno más. Con su atuendo de payaso, con su maquillaje de payaso, con su nariz y sus zapatos. No había empezado el espectáculo y el público ya comenzaba a sonreír. En aquel momento un niño rompió a llorar. Sin
-->consuelo. Con desesperación. Rivel bajó del escenario, se colocó a su lado, le acarició y le dedicó muecas. Pero aquello empeoró la situación y el llanto del niño se intensificó. Rivel se retiró al centro de la pista y empezó también a llorar. Sin consuelo. Con desesperación. El niño, sorprendido, se calló en el acto. Rivel continuó llorando. Al poco rato se volvió a acercar al pequeño y éste, ya calmado y mirándolo asombrado, se sacó el chupete de la boca y se lo dio al payaso, en un acto de solidaridad absoluta y primigenia.
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El llanto de Rivel se agotó y
el público arrancó en aplausos.
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