.
.

El río Moscova y otras historias. Segunda parte.

. .Erizo.
Me he quedado con las ganas de visitar el MMOMA (Museo de Arte Moderno de Moscú), cerrado por obras de mantenimiento. No pasa nada. Me he dado el gusto de volver a la Nueva galería Tretiakov. Seguramente de las mejores galerías de arte del siglo XX que hay en el mundo, seguramente el museo más bonito que he pisado. Afortunada e incomprensiblemente vacío de turistas (he visto el triple de asistentes de sala que de visitantes, lo juro). La primera vez que lo visité fue en compañía y fui feliz, pese a todo. En esta ocasión he pasado de refilón por Chagall porque para disfrutar de Chagall hay que estar enamorado, ser correspondido y que ese amor sea posible. Si alguno de esos tres supuestos se incumple, Chagall duele y duele mucho. Espero algún día poder mirarlo de frente. He paseado por el jardín colindante repleto de estatuas originales y muy bonitas; es idóneo para jugar al escondite y es una lástima que lo tengan tan mal cuidado. Hay una estatua de un hombre que espera con una rosa; estaba allí cuando fui en Abril, seguirá allí cuando vuelva en Agosto. Hermosa tenacidad. Y no diré más sobre este museo porque es demasiado especial.
.
En el lago de los cisnes viven patos. No sé si Tchaikovsky era ciego o mentiroso. También puede ser que los cisnes hayan digievolucionado o sencillamente se hayan largado del lago. No obstante, es muy agradable y linda con el bonito convento Novodevichi y su cementerio. Allí hemos encontrado al señor Chejov haciendo lo imposible por descansar en paz pese a lo coñazo que somos los turistas.
.
El pobre de Lenin debe empatizar demasiado bien con el señor Chejov en ese aspecto. Pese a pedir ser enterrado en San Petersburgo, cosa que yo también pediría, y ser enterrado junto a su madre, cosa que yo también pediría, el señor Stalin decidió momificarlo y exponerlo al público. Así sigue en la actualidad. Imagino que Lenin vivo impresionaría, muerto también lo hace.
.
Mi hermana me ha dicho que evite comer pirojkis, que no se sabe de donde proviene la carne que usan para hacerlos. Y yo pienso: como si las hamburguesas del McDonalds o las salchicas Frankfurt vinieran con denominación de origen. En cambio, la bebida típica de verano, kvas, no hay quien la beba. Prefiero el vodka.
.
Cuando sales del centro de Moscú te das realmente cuenta de cómo es esta ciudad y te explicas a la perfección el carácter rudo de los rusos. También te das cuenta de lo mucho que hacen con lo poco que tienen. Me encantan las casitas de madera, viejas y humildes, que pintan de colores y decoran con bonitos marcos en las ventanas. De camino a Súzdal fue lo que más me gustó, lo que menos el madrugón. Súzdal me encantó, es una pequeña ciudad, pertenece al grupo conocido como Anillo de Oro. Allí le hemos comprado tres "piruletas" a una anciana rusa, le hemos dado rublos de más, ella nos ha dado una mirada muy tierna. Mi hermana, desconfiando de nuestros estómagos occidentales bienacostumbrados, no se ha comido la "piruleta". Yo sí, nada malo puede venir de una persona que te mira como ella nos ha mirado. La "piruleta" estaba muy buena y mi tripa de momento no protesta. Otra mujer mayor nos ha dejado acariciar a su gato. Sobre la cantidad de iglesias, el monasterio y el convento de la ciudad no os hablo. Las ancianitas rusas son más importantes.
.
Seis perros callejeros nos siguieron a casa. Me encantan los perros callejeros de esta ciudad. Salen en cuadrilla, se esperan unos a otros, tienen cara de inofensivos y felices, se te acercan y te miran muy bonito. Mi hermana dice que en invierno las tiendas les permiten entrar al calorcito. También en invierno se cuelan en el metro, se suben al primer tren que llega y se tumban en el primer asiento que ven. Ocupan dos asientos cada uno. Nadie les dice nada. Eso me gusta.
.
.
Y aquí acaba mi segunda y última crónica de las vacaciones. Mañana vuelvo a Madrid, espero que en un vuelo más tranquilo que a la ida. Cuando no tienes a nadie a quien dar la mano, el ascenso, el descenso y sobre todo las turbulencias en medio de una gran tormenta, se pasan realmente mal.
. .
Me voy a ver la exposición del World Press Photo, a beber una cerveza al parque del Kremlin y a despedirme de la Plaza Roja. Amén.
.
.

Posdata ______________________________________
.
- Lo importante no es cuando se muere si no lo que se está haciendo en el momento en el que te sobreviene la muerte. ¿Tú qué estabas haciendo, René?
- Yo estaba dispuesta a amar.
.
Así termina El erizo, película basada en el libro de Muriel Barbery. Ha sido una preciosidad. No diré más al respecto. Bueno sí, que yo soy un erizo. You know.
. .

. .
. .