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El río Moscova y otras historias.

Estatua de Pushkin y Natalzja
Estatua de Púshkin con su mujer Natalzja en la calle Arbat (Moscú)
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Moscú no es una ciudad de grafittis pero he visto uno bajo un puente industrial que ponía te quiero en cirílico (Я люблю тебя). Yo no sé nada de cirílico pero sí sé de querer y por eso he podido entenderlo. También he visto a una pata seguida por seis patitos en una escrupulosa fila. Ni la brigada estalinista más disciplinada podría haberla hecho mejor. No podían ser más bonitos. El río Moscova es un tanto sucio pero las familias lo llenan de alegría en la orilla, sobre todo los sábados y los domingos. Desde que llega el calor los peces temen los fines de semana..
Los moscovitas no saben mucho de la ducha de por la mañana, ni del salir antes de entrar y beben vino como si fuera cerveza pero tienen unas galerías de arte muy interesantes, saben tocar el violín a la perfección y hacen unos blinis deliciosos; sólo por eso se les perdona lo demás. Ayer cené en la azotea de un edificio con vistas a la Catedral de Cristo Salvador, a las mujeres nos cedieron una manta suave para protegernos de la brisa. Los hombres se hicieron los fuertes simulando no tener frío pero era mentira, mi cuñado me lo ha confirmado..
Caminar sola por las calles de Moscú es como caminar por la vida: una no entiende nada. Si te metes en el metro el desconcierto es todavía mayor. No obstante, ya he aprendido a ir andando al Arbat; sin duda lo que más me gusta es la estatua del señor Púshkin con su mujer Natalzja. Él murió tras batirse a duelo con un oficial de la guardia a quien retó por haber hablado desnhonrosamente sobre su mujer. Eso es amor y lo demás son tonterías, pienso yo.
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También conseguí llegar a la galería Tretiakov. El mérito no fue mío sino de una mujer rusa muy amable que me llevó hasta la puerta mientras me hacía comentarios en ruso sobre la ola de calor que sufrimos, lo malita que está la vida, la repercusión de la crisis sobre los países del este o vete tú a saber. Desde aquí le agradezco la labor humanitaria. El museo mereció la pena, a destacar el señor Vrubel y las mujeres del señor Malyavin. Supe volver sin ayuda de nadie (aplausos).
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Domino a la perfección dos palabras del ruso: "piva" y "previat". Según el jefe noruego de mi cuñado, las dos palabras más importantes de cualquier idioma: "cerveza" y "gracias". Borrachos sí, pero muy educados.
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Aquí dejo mi crónica. Voy a salir a pasear. Lenin me espera.
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Postdata: He visto el final de Perdidos. Ha sido una auténtica basura pero volvería a verlo sólo por el reencuentro entre Sawyer y Juliet.
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¿Dónde te crees que vas, rubia?
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