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Cuento para que yo me duerma.

Madrid
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Hace algunas primaveras, nació una flor al lado de una piedra. Una mañana, la flor algo ruborizada, se atrevió a preguntarle a la piedra:
- Y tú, ¿eres feliz siendo tan dura y tan fría?
La piedra contestó:
- No, preferiría ser blandita y de colores como tú.
Entonces la flor abrazó a la piedra y dejó que los rayos del sol la secaran para que sus colores impregnaran a la piedra.
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Y es que a veces, los seres inanimados son así.

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