Tus labios o la vida

Image Hosted by ImageShack.us
Raquel Bullón
rakelbullon@yahoo.es

Lo que tengo entre las pestañas

Lo que tengo entre las pestañas
www.flickr.com
Éste es un módulo Flickr que muestra fotos o videos públicos de Raquel Bullón. Crea tu propio módulo aquí.

Lucía I

.
Lucía apenas mide un metro de puntillas y con el brazo derecho extendido hacia el cielo, ese con el que difícilmente alcanza las galletas escondidas y el bote para hacer pompas de jabón. Le duele el cuello de mirar siempre hacia arriba, y es que todo y todos están por encima de ella, el mundo parece transcurrir a metro y medio como mínimo del suelo, por debajo de esa distancia sólo vagabundean los niños y los perros. No le gustan los guisantes porque se caen del tenedor y nunca se acaban, cuantos más come más hay, como si salieran de un hormiguero del fondo del plato o como si se reprodujeran: en cuestión de segundos se conocen, se gustan, se casan y tienen guisantitos.
.
Marta está cansada, hace media hora que salió del trabajo y ya ha pasado a recoger a Lucía del cole, ha hecho la comida y espera que la niña se la coma mientras pone la segunda lavadora del día. Vuelve de la cocina y la encuentra jugando en el pasillo, la coge en brazos y la sienta de nuevo en la silla retirándole los rizos de la cara y besándole en la frente:
- Come, cómete todos los guisantes que están muy buenos y te harás grande pronto. Luego jugamos, luego te llevo al cole y juegas toda la tarde.
Pero para Lucía ni los guisantes están buenos ni se quiere hacer grande, es feliz en su mundo de niños, perros y cabezas redondas de dragones verdes convertidas en guisantes:
- Que no quiero más.
- Que no has comido nada, venga Lucía por favor, termínatelos.
- Es que nunca se acaban mamá, no me gustan.
- Pues si no te gustan haz que te gusten.
- Que no quiero más!
- ¡Lucía. Vamos que me estoy enfadando! deja de marear los guisantes con el tenedor y métetelos en la boca.
.
En ese momento a pesar del inminente disgusto y reprimenda, Lucía se ríe, se ríe infinito, mientras se dibuja en su pequeña cabecita un dragón verde que cansado del día se cae mareado al suelo.
.
.
rkl
.
Imagen: Lisboa 06. rkl.
.

La belleza pasa desapercibida

.

Viernes, 12 de enero de 2007. Hora punta en una estación de metro en la ciudad de Washington. Un músico toca el violín vestido con vaqueros, una camiseta y una gorra de béisbol. El instrumento es nada menos que un Stradivarius de 1713. El violinista toca piezas maestras incontestables durante 43 minutos. Es Joshua Bell (Estados Unidos, 1967), uno de los mejores intérpretes del mundo. Tres días antes había llenado el Boston Symphony Hall, a 100 euros la butaca. No había caído en desgracia, sino que estaba protagonizando un experimento recogido en diario The Washington Post: comprobar si la gente está preparada para reconocer la belleza. A los 43 minutos habían pasado ante él 1.070 personas. Sólo 27 le dieron dinero, la mayoría sin pararse. En total, ganó 32 dólares. No hubo corrillos y nadie le reconoció.

Imagen: Lisboa 06. rkl.

.

El rojo no es un color

. .
Hablaba con sus manos más que con su boca, y así aunque yo ocupara ésta besándola infinito, ella continuaba hablándome. Sus cuerdas vocales no estaban en la garganta sino en sus muñecas y su boca no estaba en la cara sino en sus manos. Con sus pulgares recitaba versos, con sus meñiques entonaba tangos, con sus dedos índices susurraba quimeras, con los anulares gritaba y con sus dos corazones tartamudeaba intencionadamente para repetir cada parte de mi cuerpo. Me hablaba de tal modo, que cuando estaba presente mis oídos no querían escuchar otra cosa y cuando no lo estaba, su voz no retumbaba en mi cabeza sino en mi piel, y me estremecía un escalofrío que me erizaba ante las risas de quienes me acompañaban y me llamaban temeroso sin saber que no era el miedo el que me estremecía sino los suspiros gélidos que ella me lanzaba para que no la olvidara.

Pero sólo nos compartíamos en la noche. El día era una de esas películas antiguas del período silente, en blanco y negro, mudas, con fotogramas artificialmente rápidos y con subtítulos en un idioma desconocido que nos hacía incomprensible y a veces indetectable el llanto, el temor y la alegría ajena; nos movíamos impulsados por la mano que empuja la manivela de las viejas cámaras de cine, un motor que se adueñaba de nuestra voluntad y nos dictaba donde ir, qué hacer y con quién estar. Sin embargo, la noche era distinta, estaba rodada a cámara lenta como si alguien desde fuera, desde no se sabe dónde, enlenteciera con un mando a distancia esas escenas para permitirnos disfrutarlas aun más. Y no era una noche muda sino que estaba colmada por sus voces, y era del color rojo de la pluma con la que ella escribía por todos los rincones, que a veces también eran mis rincones, y aquella tinta acababa finalmente por desteñir la noche, y la luna también era roja y sus manos y voz.

Una noche ella no llegó a casa. Todo el mundo piensa que me abandonó y todos piensan que por ello estoy aquí encerrado desde entonces, que es el desconsuelo el que no me deja salir a la calle o que existe un pozo en el que me he rendido, pero realmente no he visto ni al desconsuelo ni al pozo. Yo sé que ella se perdió, que olvidó el camino a casa, que se confundió de calle y no pudo detener la manivela que le impulsaba a seguir adelante. Sé que no me ha abandonado y que se encuentra desorientada entre el blanco y el negro de alguna película, entre los subtítulos de idioma desconocido, entre el silencio de voces inexistentes, entre los fotogramas exageradamente rápidos. Y por ello he convertido mi casa en un cine, con luz tenue y televisores en cada esquina que persistentemente emiten cine antiguo y me he recluido esperando el momento en que ella aparezca en alguna escena con una mirada ansiosa en busca del camino de vuelta.

.

.

rkl

Imagen: Holanda 05. rkl.

.

Madrid.

.
.
En un banco, Iñaki creía que a Juanma no le bastaría con una cola de lata pero se equivocaba, le bastó. Ahora Iñaki y Juanma no tienen casa pero tienen un banco en pleno Chueca con vistas a ningún mar y a toda la tierra.

.

.

.

rkl

Imagen: Chueca 07 (Madrid). rkl.

.

Puede que sea verdad.

.

.
.
.
.
.
.
.
.
.

.
.
.
.
.
.
n
.


.
.
Se enrollan las persianas
cuando amanece,
las alfombras en primavera,
y se enrollan las personas
en el frío y en el metro.
.
Con pe(s)cado de segundo plato
difícil los ayunos y las dietas,
estipendios y confesiones dominicales
que perdonen excesos semanales.
.
Puede que sea verdad que haya gente
que nació para nunca ganar,
atados a las crines de caballos blancos
vendiendo su pobre vida a plazos.

.
.
.
.
rkl
.
Imagen: Lisboa 06. rkl.
.
.

Un día cualquiera.

.
.
La primera vez no fue intencionado, al quitarse el pijama se quitó sin darse cuenta el alma entre las perneras de algodón arrugado. Después aprendió a quitársela conscientemente cuando le estorbaba y la colgaba cuidadosamente en las perchas que utilizaba para sus mejores trajes.
Un día se resbaló y cayó desafortunadamente sobre los zapatos de tacón de su mujer rasgándose de arriba abajo. Desde entonces los perros le ladran, los gatos le bufan y los niños le huyen.
.

.
.
.
rkl

.
Imagen: París 04. rkl.
.

.

Mujer luchando contra un ejército.

..
Ejemplo a seguir
.
Settler woman struggles with Israeli security officer, Amona outpost.
World Press Photo Awards for 2006
.

© Oded Balilty, Israel/The Associated Press.
2007 World Press Photo Contest.
1st Prize People in the News Singles.
.
.
.

Oh capitán, mi capitán...

.
.
.
.
.
.
.
.

.
.
.
.
.
.
,
.

(Con Mala-saña
tratan a la puta vida

porque con mala saña

la vida les ha tratado.)

.

Tatuajes talegueros
desvelan tiempos pasados

y futuros inciertos.

.

Villanos

por haber nacido en villa,

no por tiranos,

temporeros en el currelo

buscavidas a tiempo completo;
también lagrimean sus ojos
también
sudan sus manos.

.

.

.

.

rkl
.

Imagen: Granada 07. rkl.

.

.

Vivo en bajito.

.

Yo vivo en bajito porque tengo miedo a las alturas, y ese vértigo me hace temer también todo aquello que me eleva y por ello me dan pavor los aviones, los ascensores y los tacones y prefiero andar con mis talones tocando el suelo. Vivo en bajito porque prefiero los enanitos a los gigantes. Yo vivo en bajito porque nunca me gustaron las altas esferas y siempre me identifiqué antes con la clase baja que con la alta. Vivo en bajito porque prefiero los susurros bajitos al oído a los gritos altos sin sentido. Vivo en bajito porque elijo antes ser cucaracha a la que pisar que pisador de cucarachas. Por eso vivo en bajito.
.
rkl