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Triskis.

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Él, un Apuesto Cincuentón; ella, una Anciana Preocupada por su nieto. Los dos, en un barrio chungo-humilde de Madrid (el mío):

- Abuela: Perdona, oye, mira mi nieto me ha dicho que le compre triskis y no sé qué son ni dónde se compran.
- Cincuentón Apuesto: ¿triskis?
- Abuela: sí, creo que sí.
- Cincuentón Apuesto: pero ¿qué le pasa a su nieto?
- Abuela: pues se encuentra mal, con sudores en casa.
- Cincuentón Apuesto: y ¿cómo le manda a usted a por triskis? es que los jóvenes ya no tienen vergüenza. Mire señora, no se dice triskis, se dice tripis y yo no tengo.
- Abuela: ah! sí, sí, puede ser tripis, y entonces ¿dónde los compro?
- Cincuentón Apuesto: mire, ¿ve a esos chavales de allí, los que están al lado del coche con la música tan alta? Pues vaya allí y pregúnteles si tienen tripis, tri-pis.
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Y la Abuela Preocupada fue a pedir tripis a los más malos de mi barrio. Y el Apuesto Cincuentón se pensaba que el nieto de la Abuela Preocupada tenía síndrome de abstinencia y lo que en realidad tenía era un resfriado y ganas de cariños y caprichos.
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Por si lo lee, le dedico este post al Apuesto Cincuentón por los tres días que me estuve riendo de seguido, por la cara que se le quedó cuando le dije que los triskis son patatas fritas, porque echo de menos nuestro taller literario y discutir sobre lo verdaderamente importante (cuentos y poesía). A Luis, Elena, y compañía, ójala sigais escribiendo bonito, gracias por cuidarme y escuchar siempre atentos a lo que la niña decía.
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