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Horario de invierno.

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No usaba reloj, era una de mis pequeñas formas de revelarme contra lo establecido pero lo establecido me ganó esta batalla y hace poco tuve que hacerme con uno y di un paso atrás en mi camino a la felicidad. Debería haberme comprado un reloj serio acorde con mi edad ya adulta pero me compré un reloj con ranitas de cuento y cada noche beso a una de ellas para que se convierta en príncipe (véase la primera rana empezando por abajo, está desgastada, es a la que más he besado).
Ya está, ya he dado la explicación del por
qué de mi elección de este
reloj, asique en adelante hagan el favor de no preguntar más al respecto.

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Le dedico este post a mis abuelos que ayer, 28 de octubre, vivieron todo el día dos horas adelantados al mundo y estuvieron a punto de perder su fe cuando fueron a misa y encontraron la Iglesia cerrada y por los cristales vieron que Cristo todavía no se había subido a la cruz.
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