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Ella hablaba con el viento.

Graffiti
Graffiti de El niño de las pinturas. Granada.
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Estuvo esperando cada noche a que el vaticinio se convirtiera en realidad, esperaba sentada en su mecedora de madera, a la puerta de la casa, mirando al cielo mientras una manta ahuyentaba la brisa veraniega que a su edad no podía permitirse sino con abrigo. Y aquel fue el día: la noche se convirtió, tal y como auguraban sus viejos libros, en todo un jardín de ojos. Sonrió a modo de bi
envenida y, sin más preámbulo, saltó la cerca del jardín sin miedo, pero con cu
idado de no rasgarse la falda y de que no se resintieran sus ya no jóvenes huesos. Una vez dentro y ayudada de unos guantes como escudo de espinas y una navaja como espada de tallos, cortó casi de raíz un gran racimo de ojos. Tras enlazarlos, los depositó en su barca y emprendió su último viaje. Al poco tiempo de
zarpar, el viento egoísta, engreído y altivo, la gritó que no siguiera exigiéndola el retorno:.
- No continúes, hay que atravesar interminables mares, hay que atravesar interminables cielos que ni si quiera yo, en mi longeva eternidad, he podido cruzar; así que nadie, y menos alguien como
tú, navegando en una endeble hoja de palmera, podrá hacerlo.
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- Esperaba tener a la mar de enemiga pero no imaginaba que fueras a ser tú peor que ella. Puedes hacer dos cosas, soplar en mi contra o comerte tu vanidad fracasada y soplar a mi favor..
Y el viento sopló, sopló demasiado, sopló enfurecido. Ella se agarró con una mano a la hoja de palmera y con la otra atrapó el racimo de ojos, y tuvo miedo cuando su pequeña barca se elevó en el aire y pensó que su último viaje terminaría sin haber llegado a su destino. Pero llegó, y su cuerpo cubierto de sus ropajes negros de bruja fue a descansar, ya sin vida, a las puertas del cielo y el racimo de ojos fue entregado personalmente por el viento a un dios que nada ve..
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