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Lucía III

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Respondían a los tópicos que sutilmente la sociedad les había hecho tragar entre la leche primeriza de los biberones, los rosas y azules de los chupetes y el inusitado invento de la play station: entre ellos abundaban los futbolistas, los conductores de rallyes y los policías, entre ellas la imprescindible profesión de modelo y la enfermería.
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Pero a Lucía nadie le quitaba de la cabeza que de mayor quería ser pirata, una pirata buena eso sí, sin parche en el ojo y con espada de plástico: aunque sólo lo había visto una vez, quería surcar todos los mares.
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La época de preferencia de Lucía por la piratería coincidió con la época de tristezas de su madre. Marta algunas tardes de domingo lloraba y todas las noches de otoño también y aunque trataba de disimularlo, Lucía lo sabía y se sentaba en su regazo y le besaba sus mejillas saladas que sabían al agua de todos los mares.
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